miércoles, 8 de octubre de 2008

Chile 2010: dos posibles escenarios

Por: Fernando Duque Ph.D.
Profesor titular
Ciencias Políticas, Universidad de Los Lagos
Campus Chinquihue, Puerto Montt
Mayo, 2006

Son las fiestas patrias del año 2010, y hay enorme alegría y satisfacción por parte de la ciudadanía. Chile ha salido por fin del subdesarrollo y avanza decididamente hacia el progreso y un futuro aún mejor. Todo empieza a verse color de rosa. El país tiene una pujante economía con un desarrollo similar al que tiene Grecia y Portugal. En otras palabras un ingreso per cápita de casi 9.000 dólares reales (ó 15.000 dólares corregidos por poder de compra). En términos cualitativos, la calidad de vida ha mejorado sustancialmente.

Los índices de criminalidad han disminuido drástica y significativamente. Por su parte, casi no hay desempleo y la calidad de la educación, salud, justicia, vivienda, seguridad social y seguridad ciudadana han también mejorado significativamente. Prácticamente se está a niveles de país moderno y desarrollado. Chile por fin ya no es pobre.

Este es el escenario rosado con el que los neoliberales siempre han soñado. Lo vaticinaron los “Chicago boys” en 1976 cuando con la ayuda de Friedman señalaban que Chile en 30 años alcanzaría el nivel de sociedad y economía desarrollada. Lo vaticinó también Ricardo Lagos cuando indicó en 1999, que Chile estaría en esta situación privilegiada para el 2010. Ahora, en abril de 2006, Sebastián Piñera indica que si Chile hace las cosas bien y crece con las tasas de crecimiento que se tenían entre 1986 y 1997, se obtendría el ansiado desarrollo para el bicentenario. No obstante, todas estas cuentas alegres y futuristas, hay otro escenario terrible y diametralmente opuesto.

Son las mismas fiestas patrias en 2010, pero ellas se han suspendido bajo el estado de sitio. Los disturbios populares sumamente frecuentes en el 2009, se han transformado en pandemia virulenta, desde comienzos de año.

La cesantía está en casi un 30% y esto principalmente porque el mundo dejó de comprar los productos de exportación chilenos. Una gigantesca depresión económica afecta al mundo. Muy parecida a la recesión de la primera década del siglo 20 y que luego se repitió en 1918, para terminar con el colapso de la primera globalización en la gran depresión de 1929. Tal como en las catástrofes económicas de la primera mitad del siglo 20, Chile ahora nuevamente era el país más afectado por el desastre económico global. Cientos de miles de personas emigraban de las zonas rurales a las grandes ciudades, haciendo colapsar todos los servicios públicos. Colas interminables de miserables ciudadanos esperaban un plato de sopa caliente en los albergues que se creaban por todas partes, en un intento por palear la catastrófica crisis. No obstante, los estallidos de violencia emocional habían aumentado peligrosamente y se hizo necesaria la instauración del estado de sitio. El futuro se veía negro como la boca de un lobo estepario.

¿Cual de estos dos escenarios es el que tiene mayores probabilidades de ocurrir? ¿El rosado o el negro?

Personalmente creo que el escenario rosado no se realizará y esto por las siguientes razones: Chile es un país extremadamente dependiente y esto es así desde 1891. Primero la dependencia fue con respecto al imperio británico y ahora con respecto a los Estados Unidos.

El tiempo perdido del que habla Piñera no se puede recuperar y esto porque los períodos de crecimiento que tuvo Chile desde 1973 a la fecha, se debieron a factores externos o también relacionados con lo que se llama dependencia positiva.

La gran crisis 1973 – 1976, la pudo salvar Estados Unidos con una avalancha de créditos blandos y donaciones que el gobierno norteamericano le hizo a la dictadura. Esto, más la capacidad asesora y empresarial de los Estados Unidos, fueron factores determinantes en la recuperación de 1977 – 81. Factor, no menos significativo en esta recuperación, fue el terror laboral que aumentó drásticamente la productividad de empleados y obreros.

La segunda gran crisis de 1982 – 1984, la resolvió Estados Unidos con una avalancha de inversiones privadas hechas por las multinacionales estadounidenses. Esta vez el diluvio de capitales fue acompañado por una enorme inyección de capacidad empresarial y tecnología de punta que estas corporaciones trajeron a Chile. Posteriormente, el “milagro chileno” de 1986 a 1997 se produjo en gran medida por estos importantísimos factores externos (dependencia positiva) y también por la terrible represión laboral que se institucionalizó durante todo este período.

Pero ahora a comienzos del 2006, la gran potencia del norte está ocupada y mortificada por sus guerras en el oriente medio y en Asia y no tendrá ni el tiempo ni los recursos para salvar a su sobrino favorito en América Latina. A partir de 1998, las inversiones estadounidenses en Chile se han reducido significativamente. Simultáneamente, la salida de recursos chilenos hacia los centros metropolitanos (ganancias, intereses del capital, fletes, seguros y otros) ha aumentado exponencialmente. Sólo las ganancias de las multinacionales productoras de cobre fueron más de 10.000 millones de dólares en 2005. Riqueza que, naturalmente, dejó Chile y fue a enriquecer a la metrópolis.

Por otro lado, el presidente Lagos, levantó la tapa de la represión laboral en el año 2000. En gran medida esta sustancial reducción del miedo fue lo que lo hizo tan popular a fines de su mandato. Efecto indirecto pero no deseado, de esta nueva política laboral ha sido, que la productividad de la fuerza laboral chilena se estancó y ha sufrido una significativa disminución. La reducción de capitales, tecnología, capacidad empresarial sumado a la baja de productividad del factor trabajo, son las causas principales por las que el crecimiento promedio del 8% entre 1986 y 1987, bajó al 4% durante el gobierno de Lagos. Esta desaceleración de la economía habría sido mayor si no hubieran existido los enormes aumentos en el precio del cobre a partir del 2004.

Ahora con la señora Bachelet en la Moneda, es altamente improbable que el coloso del norte decida inundar nuevamente a Chile con sus inversiones, tal como lo hizo durante el famoso “milagro”. También es altamente improbable que ella trate de aumentar la productividad laboral del factor trabajo con la política laboral de la dictadura. La consecuencia de todo esto, será que la tasa de crecimiento (tan pronto como se acabe la bonanza del cobre) seguirá decreciendo y adoptará las tasas históricas que tuvo Chile durante todo el siglo 20, es decir un 1% de crecimiento anual per cápita. Por lo tanto Chile no será un país desarrollado en el año 2010, y el escenario rosado tiene muy pocas probabilidades de realizarse.

Finalmente, es necesario explorar las posibilidades del escenario negro ¿Qué probabilidades reales existen de que se produzca una recesión económica global?

Si el precio del petróleo se mantiene, por un año o más por sobre los 70 dólares el barril (o peor aún si sube a 100 dólares o más), las posibilidades de una severa recesión serían altísimas.

En los últimos 70 años, cada vez que el petróleo alcanzó precios como los que existen hoy en día, invariablemente esto produce el inicio del ciclo económico negativo. El petróleo afecta a todas las actividades humanas, por lo tanto sus altísimos precios tienden a encarecer los costos de producción de todos los bienes y servicios. Esto invariablemente se transforma en inflación galopante que necesariamente debe ser controlada con una drástica subida de las tasas de interés de parte de los bancos centrales del mundo. La simultánea subida de estas tasas de interés a nivel global, encarecerá enormemente el crédito y esto desacelerará la economía planetaria. Todos tratarán de protegerse con medidas proteccionistas y así el mundo entrará en recesión.

Con toda recesión, lo primero que se viene al suelo, son los precios de las materias primas (comodities), y así es probable que el cobre se cotice (si es que se cotiza) a pocos centavos de dólar la libra. Lo mismo sucederá con la fruta, otros productos agrícolas, la madera, productos marinos, y el resto de exportaciones no industriales y de poco valor agregado. Las exportaciones industriales podrán sobrevivir por algunos meses, mas debido a las medidas proteccionistas aplicadas por todos, estas actividades también eventualmente declinarán.

Algo parecido sucedió después de 1929 y es altamente probable que suceda de nuevo. En conclusión las probabilidades que ocurra el escenario negro son altas, y ello obligaría a cualquier país razonable a tomar medidas preventivas. Una de ellas sería crear a la brevedad posible, un amplio sistema de empresas estatales (bajas en tecnología pero altas en la ocupación de mano de obra) y que estas se dediquen a producir los bienes y servicios que el consumo interno demanda. Ojala que el escenario negro nunca ocurra, pero si por desgracia, la economía mundial se paraliza, Chile estaría mucho mejor preparado que en 1929. Así el enorme sufrimiento de esos terribles años, no volvería a repetirse.

1 comentario:

César dijo...

Este artículo me sonó profético!
Estamos a noviembre de 2008 y vaya que está "negra" la cosa.
Saludos.