domingo, 2 de diciembre de 2007

EL FRACASO DEL NEOLIBERALISMO EN AMÉRICA LATINA

EL FRACASO DEL NEOLIBERALISMO EN AMÉRICA LATINA

F. Duque Ph.D.
profesor titular Ciencia Política
Universidad de Los Lagos
Septiembre de 2006

Revistas estadounidenses especializadas en asuntos internacionales, últimamente han publicado artículos académicos en donde se trata de explicar por que América Latina tiene tendencia a rechazar el modelo neo-liberal anglosajón. La mayoría de estas explicaciones son poco científicas y están contaminadas con dogmas de corte liberal fundamentalista. No obstante hay una explicación muy simple y esta ha sido dada por varias agencias internacionales incluyendo el banco mundial y la CEPAL. La verdad es que en los últimos 25 años, Latinoamérica ha experimentado un desastre económico (las famosas décadas perdidas). En efecto, entre 1960 y 1980, el crecimiento per cápita fue de 82%. Es decir, un crecimiento per cápita promedio de 4.1% por año. Por el contrario, entre 1980 y el 2000, este crecimiento fue apenas de un 9%. Es decir un crecimiento promedio per cápita de sólo 0.45% por año. En el período cepalino (sustitución de importaciones, industrialización, intervención estatal y estado de bienestar) se creció a una velocidad casi 10 veces superior a la del período neoliberal.
Este desastre económico es una de las variables que explica porqué los candidatos a la presidencia en Argentina, Bolivia, Brasil, Ecuador, Uruguay y Venezuela hayan hecho todos campaña contra el modelo neoliberal impuesto en el último cuarto de siglo. Como este modelo fue impuesto por los Estados Unidos (muchas veces con presión política considerable) no es ninguna sorpresa que la rebelión del electorado latinoamericano haya sido también anti estadounidense.
Este proceso es tergiversado por muchos autores comprometidos con el modelo neoliberal. Por ejemplo, Michael Shifter en un artículo, señala que Chávez ganó todas sus elecciones mediante fraude electoral. No obstante, una gran cantidad de observadores internacionales, entre ellos el ex presidente Carter, han indicado que todos los triunfos de Chávez fueron limpios y transparentes.
Por su parte, Peter Hakim mantiene que Venezuela no califica como un país democrático. Hakim aplicó el riguroso modelo de Raymond Duncan. Pero si se aplica este modelo a todo el hemisferio occidental, sólo Canadá calificaría como una democracia.
Jorge Castañeda va aún más lejos en su intento por ocultar la verdad, particularmente lo que está ocurriendo en Venezuela. Por ejemplo, Castañeda ignora que en los últimos dos años, el país ha crecido en un 28 %. También manipula las estadísticas de pobreza y concluye indicando que Chávez “no ha hecho nada por los pobres”. Este argumento es tan absurdo que aún los más feroces enemigos de Chávez lo han dejado de usar.
Castañeda clasifica a la izquierda latinoamericana en “izquierda adecuada” e “izquierda equivocada”. No obstante es la “izquierda equivocada” o populismo, la única que está cumpliendo con sus promesas para los pobres del continente que obviamente son la inmensa mayoría de la población. Los avances que se han hecho en Venezuela en la lucha contra la pobreza son significativos. Por su parte, Argentina con Kirchner no se está quedando atrás. Ha crecido durante los últimos 3 años sobre el 9% por año y ha sacado de la pobreza a más de 6 millones de ciudadanos; ha sido abiertamente antiliberal en temas tales como tasas de cambio, política fiscal y política monetaria. Se ha enfrentado también contra acreedores extranjeros y el Fondo Monetario Internacional. Chávez ha enfurecido a Washington y a la oligarquía latinoamericana al revertir un penoso proceso de decadencia social, política y económica. Ha entregado salud y educación gratis y lo que es más innovativo aún, ha subsidiado la alimentación de los más pobres. En cambio, Lula y Lagos (a los cuales Castañeda admira y los pone en la “izquierda adecuada”) no han mejorado el estándar de vida del pueblo y lo único que han obtenido son periódicas buenas notas de la elite económica internacional. A ambos se les alaba por mantener buena conducta y ceñirse dentro del rumbo económico impuesto por Washington. No obstante, ambos tienen altas tasas de interés, una política fiscal neoliberal ortodoxa y han sobrevalorado la moneda. Como resultado, han conseguido un crecimiento mediocre. Por supuesto, los pobres tanto en Brasil como en Chile, siguen esperando tiempos mejores. Ambos países mantienen el vergonzoso record de ser los países con la distribución del ingreso más injusta del planeta.
Es un fenómeno conocido por la literatura especializada que el capitalismo anglosajón en América Latina no funciona y lo que si funciona en alguna medida es el robusto intervencionismo estatal. Es este nuevo intervencionismo populista la nueva ola que se expande por todo el continente. Aún en Chile, cuna del neoliberalismo criollo, la presidenta ha decidido recrear el estado de bienestar ilegítimamente destruido en 1973